
Nos proponemos caracterizar las estructuras de la familia desde el marco reverencial de la antología y otras fuentes afines a la materia y desde el marco del Análisis. enfatizaremos primeramente por definir la los procesos psicológicos y las funciones familiares, apoyado por la bibliográfica que alrededor de la carrera he obtenido, así de alguna manera trataremos de darle sus aspectos estructurales que nos den un marco de referencia para la intervención en familias; en algunos aspecto la información fue muy limitada sin embargo espero que los poco que se ha podido obtener sea de gran aporte al trabajo y consideración final, la antología principalmente nos ofreció la oportunidad de abordar aspectos, que aligeraron la búsqueda de información, el trabajo contiene aspectos podrían darle un marco teórico de lo que concebimos de los aspectos a tomar en cuenta en una intervención familiar en el área educativa, esperamos cubrir las expectativas para la materia que en este caso se he creado como trabajo final.
A) Los procesos psicológicos y las funciones familiares.
El inicio de la familia: la pareja
Cuando hacemos mención de la pareja humana, existe la tendencia a pensar en la pareja que se une en matrimonio para quedarse y apoyarse en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza en la salud y en la enfermedad. Hasta que la muerte los separe (no separe lo que dios ha unido)
Ideas como las anteriores son las más difundidas en nuestra sociedad y podríamos afirmar que todos en alguna época de nuestras vidas, mas o menos prolongada, según sea el caso, que bien sabemos que cada quien habla como le fue en la feria.
Los jóvenes en la actualidad tanto en México como en otras latitudes, parecen también buscar este ideal. La forma de la relación de pareja ha sufrido fuertes modificaciones en los últimos años. A partir d la década de los setenta y la ´´revolución sexual´´, la difusión masiva del uso de anticonceptivos, el resurgimiento del feminismo actualizado y la cada ves mayor inclusión de la mujer en el campo de trabajo extradoméstico.
En términos generales, dos personas se unen porque en el momento en que toman tal decisión tienen la impresión, de que la compañía y presencia del(a) otro (a) les complementa.
En esta etapa nos e percatan de la implicaciones que tiene el hecho de encontrar o situar su (propia) completud, o grado más próximo a ella, su integridad, en otro. No se percatan del pode que colocan en el otro ser, a costa de la posibilidad del desarrollo individual, crecimiento y maduración personales. Y es lógico, mientras conservan ésta compañía –dependencia, no necesitan ocuparse de su propio proceso personal.
Si cada uno de ellos integra la pareja sobre la base de sus carencias, lo que espera que el otro le proporcione, no de los que cada uno sea capaz de dar a la sociedad, sin siquiera ser consciente de que integra una sociedad, un proyecto común (´´el amor es ciego´´), como antaño lo fue la preservación de bienes, no es de sorprender que tarde o temprano, más temprano que tarde, uno de ellos o ambos tengan la sensación de que su pareja les ha fallado y comiencen los reclamos.
La primera reacción ante este hecho es la negación del mismo. No es cierto, no esta sucediendo. Este malestar pasará. Para contrarrestar esta molestia, se hecha mano de la idealización. ´´mi relación es magnífica, no hay problemas; soy feliz´´
Como se hace necesaria la constatación de tal felicidad y de la importancia de la unión, se aferran cada uno por su parte, a la implantación, conservación y cumplimiento estricto de mitos y fetiches construidos por ambos.
Celebraciones, reuniones familiares, grupos de amigos, circunstancias todas donde encuentran su punto de referencia y que les confirmen la identidad que se han creado como pareja.
En efecto, en ocasiones puede transcurrir la vida entera y la pareja perpetuarse como tal ´´hasta que la muerte los separe´´ si, la muerte de la pareja seda cuando ocurre el fin biológico de alguno de los dos de sus componentes. No es extraño encontrara parejas en las que cuando uno de ellos muere, el otro sobrevive solo por un contado, muy limitado número de días. Pero la muerte de cada uno de ellos, la interrupción d el crecimiento y maduración de los integrantes como individuos, quizá tuvo lugar muchos años antes.
La gente deja de crecer en términos psicológicos para empeñar sus esfuerzos en la prolongación de la forma de vida que han construido juntos. Permanece la institución, a costa del desarrollo de quienes la instituyen. Es como conservar el empaque, la envoltura de algo que se ha perdido.
La frase ´´no puedo vivir sin ti´´ expresa otro aspecto de esta situación. ´´no se vivir sin ti´´. Usualmente se interpreta el contenido de tales ideas como expresión de amor.
Desde nuestro punto de vista es todo lo contrario. Si no sé o no puedo vivir sin ti, es que tampoco sé o puedo vivir contigo. Vivir se me dificulta, sabemos que no es fácil y que el proceso de aprendizaje termina solo cuando se acaba la vida misma – y no he aprendido a hacerlo. Veo en ti, en mi pareja a mi complemento, te he otorgado el papel de una especie de ´´muleta emocional´´ en la cual me apoyo, descanso y de la que dependo para caminar.
Sin esta muleta soy inválida, te necesito. No es este tipo de relación lo que queremos entender por amor.
La pareja como institución, también puede representar muchas y grandes ventajas para quienes se comprometen en tal empresa.
La primera y tal vez de mayor peso es el actuar de acuerdo con un mandato social muy preciado y generalizado. La vida social esta organizada por y para quien tiene vida en pareja. Un individuo solo, siempre es visto con perspicacia, desconfianza y aún es rehuido. ¿Qué habrá hecho para permanecer solo? Algo malo hay en y con él (ella). Actuar de acuerdo con los cánones sociales puede significar un sentimiento de seguridad, pertenecía y aceptación, altamente apreciado por los seres humanos. De hecho corresponde a una de las necesidades vitales del hombre y conforma en gran medida su identidad personal. Sabemos que esta identidad ¿Quién soy yo? Responde a las preguntas y preocupaciones existenciales más más estrictamente humanas.
Paradójicamente es en este mismo sentido de pertenencia el que llevado a un punto más allá de lo deseable, llega a implicar niveles de alienación peligrosos. Dejar de ser yo mismos (o nunca aventúrame a tratar de averiguar quien y como puedo ser) para ser como los demás son y esperan y desean que yo sea. (Los otros a su vez, no se permiten, tal vez ser ellos mismos para esforzarse por ser como creen que el grupo, incluido yo, quiere que y espera que sean..) La línea divisoria entre lo que yo deseo y aquello que creo desear pero que en realidad responde a las expectativas colectivas es tan sutil que con frecuencia nos movemos entre uno y otro extremo, en una constante violación de límites.
Otra de las ventajas de la vida en pareja es vivir bajo la pretensión de que se cuenta con un cómplice frente a la vida.
En tanto esta seas una idea compartida por ambas partes, resulta de gran ayuda en la confrontación de los diversos problemas a que se ve uno expuesto en el diario vivir.
Considerando todo lo anterior concluimos que la vida en pareja bajo las condiciones actuales, enfrenta una serie de trampas y falacias que dificultan la persistencia de la misma. Algunos de los obstáculos se explican en función de una macroestrusctura; otros se deben más a las características propias de los individuos y a la relación dialéctica entre sociedad e individuo.
El hecho de que la mayoría de los seres humanos deseemos profunda y sinceramente creer en la posibilidad de una relación de pareja ideal, no implica qué esta sea posible. Lo ´´ ideal´´ pertenece al mundo de las ideas.
Lo anterior no significa que no valoraremos y reconozcamos las ventajas que la vida en pareja puede presentar, siempre que se cumplan determinadas condiciones. Reconocemos igualmente la necesidad eminentemente humana de gozar de compañía íntima, compartir gustos y disgustos, contar con un espacio físico y temporal para la vida personal y emocional. Lo que nos interesa señalar es que en la medida en que pretendamos construir lo anterior sobre bases de la fantasía y el autoengaño, en esa medida colocamos también las bases para el desencanto y la desilusión. No es el otro, la pareja, el (o la que nos ha fallado, defraudando. Más bien haríamos en cuestionarnos sobre nuestra idea de pareja, (¿Qué espero de ella? ¿Qué es una pareja?, pareja, ¿para qué? ¿soy consciente de mis limitaciones?, ¿por cuanto tiempo?, etc.) y tratar de vivir acordes con situaciones reales, antes que intentar hacer que el otro o nosotros mismos nos apeguemos a una idea que como se dijo por definición corresponde al mundo de las idealizaciones.
Aceptar el cambio de las circunstancias; aceptar el cambio de las estructuras y aceptar el cambio que el otro, aunque de momento pueda no agradarnos y significar peligro para la estabilidad del mundo con que tanto esfuerzo hemos construido gracias al cual hemos logrado lo que llamamos nuestro ´´equilibrio´´ (´´precario equilibrio emocional´´), pueda manifestar, pues de ser la manera que facilite nuestras vidas y nos coloque en posición y capacidad de creación, recreación y disfrute de las mismas.
Tal proceso de adaptación de cambio en los otros, creo, podrá darse solo si somos capaces también de reconocer y aceptar el cambio en nosotros mismos. Aceptarnos y aceptar a los otros. Aunque hayan dejado de ser como nosotros (creemos que) deseamos que sean, o creemos que alguna vez fueron.
La química del matrimonio feliz
¿Puede la estrecha convivencia mantener siempre fuerte y armoniosa la relación de una pareja o, por el contrario, deteriorarla y provocar la ruptura? Los últimos hallazgos en el campo de la química cerebral indican que ambas cosas son posibles. Si una pareja no logra superar los escollos de las distintas etapas del matrimonio, quizá acabe por separarse. A menudo la ruptura es predecible porque el cerebro dicta una serie de reacciones naturales durante cada fase de la relación. De la manera como se afronten esas etapas depende que el matrimonio dure o se termine.
La química cerebral de hombres y mujeres influye en el matrimonio, desde la etapa del enamoramiento hasta la de consolidación de la vida en pareja. Comprender las diferencias conductuales que existen entre el varón y la mujer puede ser la clave para que el amor perdure toda la vida.
Etapa 1. Enamoramiento
Cuando dos personas se enamoran, ocurren cambios en su cerebro. Aumenta mucho su secreción de feromonas (sustancias que actúan como señales sobre los sentidos), así que cuando se huelen o miran, es como si sus mentes se fusionaran. La alta concentración de la hormona oxitocina puede hacer que soslayen o no se percaten de sus respectivas conductas molestas, pero al final la pasión disminuye y la relación pasa a otra etapa.
Etapa 2. Desencanto
Al cabo de unos meses, la química cerebral y hormonal empieza a cambiar, y la parte "pensante" del cerebro --la corteza-- comienza a percibir los defectos de la pareja. Entonces sentimos mutuo enojo, irritación e incluso cierto temor. Si nos casamos durante la etapa 1, en la segunda etapa podemos empezar a poner reparos.
Mientras el marido se apoltrona frente a la televisión en vez de conversar con su esposa, ella quizá comience a preguntarse: ¿En qué estará pensando? Se siente rechazada, sobre todo porque él ha dejado de revelarle sus emociones y sentimientos.
Por su parte, él no entiende por qué su mujer ha empezado a criticarlo por "pequeñeces". Llevan unos años de casados y quizá ya tengan un hijo. ¿Qué más quiere ella? Aunque él sabe que está fallando en algo, no se le ocurre cómo remediarlo.
Se han disipado las sustancias cerebrales que prevalecían en la etapa del cortejo y el enamoramiento, y la pareja siente desilusión. En ese momento resulta fácil atribuir la falla a nuestro cónyuge y pensar: No es la misma persona con quien me casé.
Con todo, es normal pasar por este periodo de confusión, de merma de sustancias químicas en el cerebro de ambos. Es también un paso indispensable para que sus mentes tan disímiles "se fusionen" y empiecen a funcionar coordinadamente.
Etapa 3. Lucha de poder
La pareja que experimenta el desencanto suele enfrascarse luego en una lucha de poder. Ambos contrarrestan la merma química tratando de lograr que el otro vuelva a ser como era (o creían que era) en la etapa de enamoramiento. Mientras dura esta lucha, afrontan la dificultad adicional de ser neurológicamente "distintos", ya que su respectivo cerebro los hace pensar, comportarse e incluso amar de manera muy diferente.
Se trata de un periodo doloroso, y por estar enfrascada en la lucha de poder, la pareja no se percata de que sus diferencias cerebrales en realidad pueden ser la clave para que su matrimonio dure toda la vida.
Mientras se encuentra en esta etapa, el hombre quizá desee realizar más actividades independientes, y la mujer, tener más contacto con sus amistades. Aunque esta tendencia se origina en conductas y funciones de género aprendidas, las diferencias se acentúan por efecto de hormonas como la testosterona y los estrógenos.
¿Cómo repercute esto en el matrimonio? Una de las principales razones por las cuales las parejas se atacan despiadadamente durante la etapa de lucha de poder son las actitudes que hombres y mujeres tenemos respecto a la independencia conyugal. No resulta sorprendente que muchos matrimonios que acaban en divorcio duren entre siete y ocho años, en promedio: el mismo tiempo que cada persona invierte en tratar de que su pareja "cambie".
Sin embargo, la naturaleza no nos permite dar marcha atrás al reloj químico y neurológico, y el ciclo de vida sigue su curso. Una nueva etapa de la relación comienza cuando ambos cónyuges se descubren por fin como hombre y mujer y como amantes. Para ello es necesario que los dos cobren conciencia de ciertos elementos que habían permanecido ocultos bajo la superficie.
Etapa 4. Despertar
Lo que muchas parejas no consiguen entender es que, antes de asumir cierta independencia en su relación, hay un paso previo que les pasa inadvertido a ambos. Durante las tres primeras etapas del matrimonio, los esposos mantienen una convivencia muy estrecha, lo que anula sus respectivas individualidades. Un hombre puede considerar una pérdida de tiempo las emociones de su mujer, así como su necesidad de comunicación, sus deseos sexuales e incluso su actitud hacia las tareas domésticas. A su vez, ella puede percibir como egoístas o amenazadores los hábitos, pasatiempos, preocupaciones de trabajo y la necesidad de independencia de su marido.
Durante la cuarta etapa, la pareja "despierta": cobra conciencia de que la estrecha cercanía en que han vivido no es tan saludable y que ahora deben separarse en un sentido psicológico. Esta separación no implica divorciarse: significa comprensión recíproca. Durante el despertar, la parte pensante del cerebro prevalece y contrarresta las reacciones emocionales que podrían generar conflictos y una sensación de pesadumbre por la pérdida o disminución de la pasión.
Así, cuando la mujer hace algo que molesta al marido, éste quizá se contenga, guarde silencio y se limite a pasar por alto el asunto. A su vez, cuando él hace algo que a su esposa le resulta enfadoso, ella podría decir comprensivamente: "Ahora entiendo de qué se trata esto".
Al final, los hombres se dan cuenta de que las mujeres tienen razón: si no hay suficiente cercanía, lo más probable es que la relación se vaya a pique. Pero también los hombres están en lo correcto: si no se goza de suficiente independencia, es muy probable que ocurra lo mismo.
Cuando nos alejamos demasiado de nuestro cónyuge, se va extinguiendo el amor de que disfrutamos al principio, mas la relación tampoco sobrevivirá si hay tal cercanía que uno de los dos impida que el otro se sienta libre. La clave del éxito estriba en comprender las ventajas de la química cerebral masculina y femenina.
Etapa 5. Consolidación
El equilibrio entre las formas prototípicas de relación entre hombre y mujer constituye un estado de amor equilibrado al que yo llamo "independencia íntima". La lucha de poder se termina, y la pareja adopta las estrategias del amor maduro, que fomentan la independencia y la intimidad al mismo tiempo. Los esposos ahora conviven, crían a sus hijos y dan y reciben amor, pero no porque se hayan vuelto iguales, sino porque han aprendido a ser felizmente distintos.
Cómo fomentar la intimidad:
1. Establecen ritos de apego, como salir solos a cenar, llamarse por teléfono o enviarse mensajes electrónicos cuando alguno de los dos sale de viaje. Tales hábitos se convierten en los pilares que sostienen la relación, pero cada momento del matrimonio no tiene que ser íntimo siempre: ambos saben que esos ritos mantienen la fuerza del amor cuando la vida se vuelve complicada y estresante.
2. Se tratan con amabilidad y respeto en por lo menos 95% de sus interacciones. Aunque solemos creer que nadie merece un mejor trato que nuestra pareja, cuando nos enfrascamos en la lucha de poder pensamos más bien que debe ser nuestro blanco para desfogar el estrés. Los lóbulos frontales de nuestro cerebro cumplen su función con madurez cuando nos damos cuenta de que la amabilidad es fundamental para tener un matrimonio feliz.
3. Resuelven sus desavenencias en vez de dejar que la situación empeore. Es cierto que se enojan y discuten, pero se ofrecen disculpas por su mal genio y procuran solucionar los conflictos. En caso necesario, acuden a sus familiares y amigos o a especialistas en busca de ayuda.
Cómo defender la independencia
· Respetan sus excentricidades y diferencias, sobre todo las de género. Si el marido acapara el control remoto cuando ven televisión, la mujer, en vez de enojarse, lo tolera de buen grado. Y cuando ella quiere hablar sobre sus sentimientos, él sabe lo importante que es esto para su esposa y se da tiempo para escucharla.
· Mantienen su círculo personal de amigos (por lo común mujeres en el caso de ella y hombres en el de él) y se alientan para conservar esas amistades. Con el tiempo llegan a descubrir que, aunque su cónyuge es su mejor amigo, aún satisfacen muchas de sus necesidades emocionales a través de otras personas.
· Se conceden distintos dominios conyugales. Si para uno es muy importante una actividad especial, pasatiempo, deporte o cierta forma de socializar, el otro lo respeta y alienta. Así, cada uno tiene espacios, tiempos y actividades propios que le brindan libertad e independencia.
Es fundamental tener conciencia de que los sentimientos que existen entre los dos tal vez cambien con el paso de los años y que ese cambio es normal. La química cerebral determina en parte que esto ocurra, así que resulta inútil tratar de evitarlo. Es mejor dejar que la biología lo guíe a uno hacia la comprensión y hacia un amor natural y perdurable. A fin de cuentas todos los seres humanos somos criaturas de la naturaleza, y ella sin duda es muy sabia.
EJEMPLOS:
La familia en la actualidad en el mundo occidental esta forma por el esposo, la esposa, y los hijos, pero en otras culturas como la musulmana se puede ver que es aceptada la poligamia, que un hombre tenga varias mujeres, con respecto a esto pienso que en nuestra cultura ´´monógama´´, las personas nos vemos ´´forzadas´´ a mantener una relación durante todo la vida por las normas que implica la unión, pienso que forzados por que me veo un muy alto número de infidelidades entre las parejas, tanto de hombres como de mujeres, eso tal ves nos pueda estar indicando que se requiere un cambio en los contratos, tal ves que éstos sean por un determinado tiempo, y no como lo vemos en las normas eclesiásticas,´´ hasta que la muerte los separe´´ y ´´lo que dios unió jamás lo separe el hombre´´ .
Por otro lado en América latina se puede ver la presencia de distintas culturas precolombinas, lo que hace que sus lenguas y costumbres sean parte importante en la concepción que se tiene en cada lugar de lo que es una pareja.
Se habla de una institución imposible, y si me parece compleja la relación de dos seres humanos bajo ciertas reglas expectativas y sobre todo el tratar de conjugar la historia de cada uno durante toda una vida.
Lo que muchas veces se espera es que el otro me haga feliz , se le otorga esa responsabilidad, y algo muy importante que se olvida, es la individualidad y desarrollo personal, el cual a pesar de estar en pareja cada persona debe ocuparse de su propio desarrollo, para lograr ser mejor persona con los demás o su familia.
Yo pienso que los hijos en un momento serán un reflejo del nivel de desarrollo y madurez que tengan sus padres, y digo en un momento por que a lo largo de la vida cada hijo puede tener distintas experiencias y oportunidades y así formar su propia historia, logrando superar algunas vicisitudes, algunos no logran esto pero todo depende de las circunstancias. Ciertamente la vida en pareja y formar una familia también trae satisfacciones, el hecho de tener un compañero al cual uno quiere y ver crecer y desarrollarse a los hijos pienso debe ser una experiencia satisfactoria, sin embargo, ni el estar casado ni el estar soltero garantiza que se va ha ser feliz.
Todo lo anterior dependerá obviamente de muchos factores, pues pienso que compartir tu vida con alguien no es nada sencillo, mas bien es un proceso que tiene distintas etapas, algunas de mucho placer y otras en las que simplemente se acaba la magia que se sentía por el otro, por ello, pienso que es muy importante que las personas no olviden que son individuos que aunque viven en pareja deben procurar su desarrollo personal, y estar conscientes de que el generarse expectativas o grandes ideales con respecto al otro podría ser la causa de muchas frustraciones.
LOS PADRES COMO FIGURAS DE APEGO
La especie humana tiene una larga historia. Ello nos ha hecho evolucionar de una determinada manera, configurando aspectos de nuestras necesidades básicas como seres humanos. El niño nace programado para sobrevivir en determinadas condiciones pero también bajo la necesidad de que sus necesidades básicas sean cubiertas. Estas pueden resumirse en:
d) Necesidades fisiológicas (alimentación, higiene, sueño, etc...).
di) Necesidad de protección ante posibles peligros (reales o imaginarios).
dii) Necesidad de explorar su entorno.
diii) Necesidad de jugar.
div) Necesidad de establecer vínculos afectivos.
Los vínculos afectivos son una necesidad que forma parte del proyecto de desarrollo de un niño recién nacido. Si esta necesidad no es satisfecha, el niño, adolescente, joven o adulto sufrirá de "aislamiento o carencia emocional".
El Apego es una relación especial que el niño establece con un número reducido de personas. Es un lazo afectivo que se forma entre él mismo y cada una de estas personas, un lazo que le impulsa a buscar la proximidad y el contacto con ellas a lo largo del tiempo. Es, sin duda, un mecanismo innato por el que el niño busca seguridad. Las conductas de apego se hacen más relevantes en aquellas situaciones que el niño percibe como más amenazantes (enfermedades, caídas, separaciones, peleas con otros niños....). El llorar es uno de los principales mecanismos por el que se produce la llamada o reclamo de la figura de apego. Más adelante, cuando el niño adquiere nuevas capacidades verbales y motoras, no necesita recurrir con tanta frecuencia al lloro. Una adecuada relación con las figuras de apego conlleva sentimientos de seguridad asociados a su proximidad o contacto y su pérdida, real o imaginaria genera angustia.
Los vínculos de apego no sólo van establecerse con los padres o familiares directos sino que pueden producirse con otras personas próximas al niño (educadores, maestros, etc...).
Figura principal de apego: la madre
Si bien tradicionalmente la figura con la que se establece el vínculo de apego más fuerte ha sido con la madre, hoy en día asistimos a una acentuación de la implicación del padre en los cuidados de la primera infancia. Motivos de horarios laborales, número de hijos, recursos económicos, etc. Hacen frecuente la necesidad de una corresponsabilidad por parte ambos progenitores en las labores de atención al bebé. Aún aceptando esta realidad, no hay que perder de vista que desde un punto de vista biológico y evolutivo, es la madre la que está en disposición de efectuar una relación especialmente fuerte con el hijo. La importancia del buen establecimiento del vínculo de apego, ya en las primeras etapas, va tener unas consecuencias concretas en el desarrollo evolutivo del niño. Podemos afirmar con rotundidad que dedicar tiempo al bebé, en una interacción de cuidado y atención, por parte de las figuras de apego, es la mejor inversión para garantizar la estabilidad emocional del niño en su desarrollo.
El vinculo de apego no debe entenderse como una relación demasiado proteccionista por parte de la madre hacia el bebé, sino como la construcción de una relación afectiva en la que la atención y los cuidados de la madre en las primeras etapas (el niño se siente atendido en sus necesidades), va a propiciar la paulatina adquisición, desde una plataforma emocional adecuada, de los diferentes aprendizajes y, por tanto, de los primeras conductas autónomas.
Si bien el niño quizás tardará unos meses en desarrollar el apego hacia la figura principal, el vínculo emocional de la madre hacia el bebé se desarrolla rápidamente teniendo lugar en los momentos posteriores al parto.
El apego puede formarse con una o varias personas, pero siempre con un grupo reducido. La existencia de varias figuras de apego es, en general, la mejor profilaxis de un adecuado desarrollo afectivo dado que el ambiente de adaptación del niño es el clan familiar y no la relación dual madre-hijo
Curso del apego
Fase 1 (desde el nacimiento a los 2 meses)
En inicio, los bebés no centran su atención exclusivamente en sus madres y suelen responder positivamente delante cualquier persona. Sin embargo, los neonatos, ya vienen al mundo con un cierto número de respuestas innatas diseñadas para atraer a la madre cerca (llanto) y mantenerla próxima (mostrándose sonriente o tranquilo). Y aunque, en esta etapa, no esté todavía maduro el vínculo de apego con la madre o cuidador, sí se ha comprobado que los recién nacidos prefieren mirar a sus madres que a un desconocido.
Fase 2 (desde los 2 a los 7 meses)
Durante esta segunda etapa los bebés van consolidando los vínculos afectivos con la madre, padre o cuidador y dirigen hacia ellos sus respuestas sociales. Aunque todavía aceptan extraños, les otorgan menor atención.
A lo largo de este período el bebé y su cuidador desarrollan pautas de interacción que les permiten comunicarse y establecer una relación especial entre ellos.
Fase 3 (desde los 7 a los 24 meses)
El Apego se hace más evidente siendo muy fuerte alrededor de los 2 años. Ahora las conductas de apego van a configurarse alrededor del desarrollo evolutivo en 2 áreas concretas: la emocional y la del desarrollo físico. Con el mayor nivel de capacidades cognitivas asumidas en esta etapa, los bebés empiezan a distinguir lo extraño de lo habitual y ahora suelen reaccionar negativamente ante situaciones o personas desconocidas. Apartarse de la figura de apego supone producir protestas por la separación que implican llantos y la búsqueda de la madre. Por su parte el desarrollo físico (el niño empieza primero a gatear para luego pasar a la posición erguida y a dar sus primeros pasos), supone adquirir un control respecto al lugar donde se encuentra. Ahora, si desea no separarse de su madre, podrá dirigirse hacia ella en lugar de reclamar su presencia mediante el llanto. El niño gana independencia gracias a sus nuevas capacidades de locomoción, verbales e intelectuales. Este proceso es siempre conflictivo porque exige readaptaciones continuas con ganancias y pérdidas de ciertos privilegios. Por ello suele ir acompañado de deseos ambivalentes de avanzar y retroceder.
Determinantes del apego
Se cree que las madres que son más sensibles ante las necesidades de los bebés y que ajustan su conducta a los de estos, tienen mayores probabilidades de establecer una relación de apego segura. Estas madres reaccionan rápidamente a las señales que emiten sus hijos como el reclamo de comida, identificando cuando están satisfechos y respetando sus ritmos de vigilia-sueño. Ante el reclamo mediante el llanto son más eficaces en acunar o confortar en sus brazos al bebé. Son madres cariñosas, alegres y tiernas siendo así percibido por el niño. Evidentemente no sólo cómo se comporta la madre resulta vital para el vínculo. La forma en que reacciona el niño, su temperamento, es también importante en el tipo de relación que se va a establecer. No hay dos bebés iguales. En el caso de que estos sean de temperamento difícil o irritable puede favorecer en la madre o cuidador una respuesta menos adecuada y, por tanto, aumentar las probabilidades de un apego menos seguro.
Con frecuencia se ha planteado desde la psicología por qué algunas madres responden de forma más sensible a sus bebés. Una respuesta bastante válida hace referencia a los recuerdos de las madres de sus propias experiencias infantiles. Una investigación efectuada al respecto (Main y Goldwyn, 1.998) clasificaba a las madres en 3 grandes grupos. El grupo primero lo formaban las madres denominadas autónomas. Estas madres se caracterizaban por presentar una imagen objetiva y equilibrada de su infancia, siendo conscientes de las experiencias positivas y de las negativas. El segundo grupo se denominó madres preocupadas. Se caracterizaban por su tendencia a explicar de forma extensa sus primeras experiencias vitales con un tono muy emocional y, en ocasiones, confuso. Finalmente el grupo tercero lo formaban madres a las que se llamó indecisas. Estas últimas constituían un grupo que había experimentado algún trauma con la relación de apego y que aún no han resuelto. Es el caso de los niños maltratados o que han perdido alguno de los padres.
La hipótesis que subyace en este estudio es que los recuerdos y sentimientos de las madres sobre su propia seguridad de apego se expresará en sus atenciones hacia su hijo y así influirá en su relación. Diversos estudios han verificado que estas clasificaciones son bastante predictoras de las pautas de apego que formarán con sus hijos.
EJEMPLOS
Nos encontramos de acuerdo al hablar acerca de que la familia tiene su supervivencia asegurada, ya que por un lado como se ha mencionado antes, la idea de que se requiere casarse para considerar que se ha formado una familia , no es factor que pueda determinar si existe o no, una familia, por otro lado el factor de supervivencia es una característica de la naturaleza de distintas especies animales, lo que las lleva a hacer agrupaciones familiares para lograr la supervivencia de la cría, como en el caso de los primates no humanos en comparación con los humanos se encuentra la conducta de apego, lo que implica un vínculo afectivo de la cría principalmente con la madre, que le proporciona protección , y los cuidados físicos necesarios que requiere para sobrevivir, es por ello que este vínculo al estar relacionado con la sobrevivencia de la especie asegura de alguna forma el agrupamiento familiar, pensar en el cambio o desintegración de ésta agrupación familiar me trae ideas como el hecho de una mutación de la especie humana que le permita sobrevivir desde su nacimiento sin el cuidado de un ser adulto.
LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
La familia sigue siendo, a pesar de los ataques y dudas que se ciernen sobre ella, el nudo esencial de la constitución de la personalidad de los niños. Prácticamente todas las definiciones, más allá desde donde se posicionen para estudiar a la familia, hacen referencia a los factores comunes: habitación común, descendencia común, mismo techo, mismo apellido, mismos padres, mismo grupo, misma historia.
La familia es claramente el primer contexto de aprendizaje para las personas, en este sentido, es importante aclarar que en su seno aprenden no sólo los niños sino también los adultos. En la familia se ofrece cuidado y protección a los niños, asegurando su subsistencia en condiciones dignas. También ella contribuye a la socialización de los hijos en relación a los valores socialmente aceptados.
Las familias acompañan la evolución de los niños, en el proceso de escolarización, que es la vía excelente para ir penetrando en otros ámbitos sociales diferentes a la familia. Esta, a través de estas funciones apunta a educar a los niños para que puedan ser autónomos, emocionalmente equilibrados, capaces de establecer vínculos afectivos satisfactorios.
Desde una perspectiva evolutivo-educativa, podemos decir que la familia supone:
. un proyecto vital de existencia en común con un proyecto educativo compartido, donde hay un fuerte compromiso emocional,
. un contexto de desarrollo tanto para los hijos como para los padres y abuelos,
. un escenario de encuentro intergeneracional,
. una red de apoyo para las transiciones y las crisis.
Desde esta perspectiva, la familia aparece como el mejor contexto para acompañar a la persona para transitar los cambios que implica necesariamente la vida.
En cuanto al proyecto educativo familiar es en general de orden implícito, se trata de un contrato familiar donde se "inscribe" la forma en que se organizan las familias, como se dividen las tareas, qué expectativas se tienen de los miembros de la familia. Los valores, actitudes y expectativas que de esta forma se transmiten constituyen lo que algunos autores (Cremin, 1976; Bloom, 1981) han llamado "currículum del hogar". Este currículum del hogar no está escrito -a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos, contenidos, "metodologías" que determinan la seña de identidad de cada familia, y contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros. Las familias se diferencian entonces no sólo por los contenidos sino también en los estilos con que transmiten estos contenidos (Martínez, 1996).
El tema de los estilos educativos adquiere entonces importancia fundamental a la hora de educar en valores.
En ese sentido se distinguen varios estilos educativos (Baumrind, 1971 y Maccoby y Martín, 1983 en Coloma, 1993), que vienen determinados por la presencia o ausencia de dos variables fundamentales a la hora de estudiar la relación padres-hijos: el monto de afecto o disponibilidad paterna a la respuesta y el control o exigencia paterna que se pone en la relación padres-hijos. De la atención de estas dos variables surgen cuatro tipos de padres:
• Autoritativo recíproco, en los cuales estas dos dimensiones están equilibradas: se ejerce un control consistente y razonado a la vez que se parte de la aceptación de los derechos y deberes de los hijos, y se pide de estos la aceptación de los derechos y deberes de los padres.
• Autoritario-represivo, en este caso si bien el control existente es tan fuerte como en el caso anterior, al no estar acompañado de reciprocidad, se vuelve rígido, no dejando espacio para el ejercicio de la libertad de parte del hijo.
• Permisivo-indulgente, en este caso no existe control de parte de los padres, que no son directivos, no establecen normas. De todos modos, estos padres están muy implicados afectivamente con sus hijos, están atentos a las necesidades de sus hijos.
• Permisivo-negligente, en este caso, la permisividad no está acompañada de implicación afectiva, y se parece mucho al abandono.
EJEMPLOS
En cuanto a la educación que los hijos reciben se habla del ´´modelado´´ en cual los padres como actores reflejan sus hábitos y costumbres que los hijos pueden ir aprendiendo por formar parte de su entorno, como el hecho de que el papá pase horas viendo la televisión y tomando cerveza o que la madre se la pase la mayor parte del tiempo haciendo labores de la casa.
En cuanto a las actividades que realizan los hijos, podemos ver que son elegidas, mediadas o supervisadas por los padres, por ejemplo ´´si el niño no termina la tarea no puede salir a jugar´´, y lo que sucede es que muchas veces el niño al no recibir ayuda o supervisión en la realización de su tarea, no la termina, y pasa horas sentado sin ´´hacer nada´´ y no sale a jugar, lo que impide que el niño tenga un espacio de distracción o recreación en sus horarios.
En el desarrollo de habilidades como la lectura se puede ver que algunas veces los padres exigen a sus hijos que se sienten a leer por que así se los han pedido en la escuela, tarea que le resulta tediosa al niño, por un lado porque no la encuentra como una actividad interesante, asunto que me parece obvio cuando los niños nunca ven a sus padres leer o interesados en ésta actividad, y por otro por que los padres tampoco se toman el tiempo para leer junto con sus hijos.
Por otro lado los espacios en la casa también son importantes, pienso que el hecho de tener un librero, precisamente para colocar los libros de la escuela y no ropa o juguetes, por ejemplo, es significativamente importante, para darle la importancia e interés a las actividades relacionas con las lecturas y otras tareas.
El hecho de que los padres busquen y permitan que sus hijos realicen diferentes actividades para su mejor desarrollo a parte de las escolares como música, natación, baile, etc., no sucede de forma común en nuestra cultura, en la que los padres no sugieren a sus hijos actividades pensadas en su desarrollo, sino más bien en lo que les convienen a los padres, por ejemplo si los padres son muy religiosos sugieren que sus hijos formen parte del grupo de niños de la iglesia, cuando lo que en realidad el niño quiere es formar parte de un equipo de fútbol.
A) Los procesos psicológicos y las funciones familiares.
El inicio de la familia: la pareja
Cuando hacemos mención de la pareja humana, existe la tendencia a pensar en la pareja que se une en matrimonio para quedarse y apoyarse en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza en la salud y en la enfermedad. Hasta que la muerte los separe (no separe lo que dios ha unido)
Ideas como las anteriores son las más difundidas en nuestra sociedad y podríamos afirmar que todos en alguna época de nuestras vidas, mas o menos prolongada, según sea el caso, que bien sabemos que cada quien habla como le fue en la feria.
Los jóvenes en la actualidad tanto en México como en otras latitudes, parecen también buscar este ideal. La forma de la relación de pareja ha sufrido fuertes modificaciones en los últimos años. A partir d la década de los setenta y la ´´revolución sexual´´, la difusión masiva del uso de anticonceptivos, el resurgimiento del feminismo actualizado y la cada ves mayor inclusión de la mujer en el campo de trabajo extradoméstico.
En términos generales, dos personas se unen porque en el momento en que toman tal decisión tienen la impresión, de que la compañía y presencia del(a) otro (a) les complementa.
En esta etapa nos e percatan de la implicaciones que tiene el hecho de encontrar o situar su (propia) completud, o grado más próximo a ella, su integridad, en otro. No se percatan del pode que colocan en el otro ser, a costa de la posibilidad del desarrollo individual, crecimiento y maduración personales. Y es lógico, mientras conservan ésta compañía –dependencia, no necesitan ocuparse de su propio proceso personal.
Si cada uno de ellos integra la pareja sobre la base de sus carencias, lo que espera que el otro le proporcione, no de los que cada uno sea capaz de dar a la sociedad, sin siquiera ser consciente de que integra una sociedad, un proyecto común (´´el amor es ciego´´), como antaño lo fue la preservación de bienes, no es de sorprender que tarde o temprano, más temprano que tarde, uno de ellos o ambos tengan la sensación de que su pareja les ha fallado y comiencen los reclamos.
La primera reacción ante este hecho es la negación del mismo. No es cierto, no esta sucediendo. Este malestar pasará. Para contrarrestar esta molestia, se hecha mano de la idealización. ´´mi relación es magnífica, no hay problemas; soy feliz´´
Como se hace necesaria la constatación de tal felicidad y de la importancia de la unión, se aferran cada uno por su parte, a la implantación, conservación y cumplimiento estricto de mitos y fetiches construidos por ambos.
Celebraciones, reuniones familiares, grupos de amigos, circunstancias todas donde encuentran su punto de referencia y que les confirmen la identidad que se han creado como pareja.
En efecto, en ocasiones puede transcurrir la vida entera y la pareja perpetuarse como tal ´´hasta que la muerte los separe´´ si, la muerte de la pareja seda cuando ocurre el fin biológico de alguno de los dos de sus componentes. No es extraño encontrara parejas en las que cuando uno de ellos muere, el otro sobrevive solo por un contado, muy limitado número de días. Pero la muerte de cada uno de ellos, la interrupción d el crecimiento y maduración de los integrantes como individuos, quizá tuvo lugar muchos años antes.
La gente deja de crecer en términos psicológicos para empeñar sus esfuerzos en la prolongación de la forma de vida que han construido juntos. Permanece la institución, a costa del desarrollo de quienes la instituyen. Es como conservar el empaque, la envoltura de algo que se ha perdido.
La frase ´´no puedo vivir sin ti´´ expresa otro aspecto de esta situación. ´´no se vivir sin ti´´. Usualmente se interpreta el contenido de tales ideas como expresión de amor.
Desde nuestro punto de vista es todo lo contrario. Si no sé o no puedo vivir sin ti, es que tampoco sé o puedo vivir contigo. Vivir se me dificulta, sabemos que no es fácil y que el proceso de aprendizaje termina solo cuando se acaba la vida misma – y no he aprendido a hacerlo. Veo en ti, en mi pareja a mi complemento, te he otorgado el papel de una especie de ´´muleta emocional´´ en la cual me apoyo, descanso y de la que dependo para caminar.
Sin esta muleta soy inválida, te necesito. No es este tipo de relación lo que queremos entender por amor.
La pareja como institución, también puede representar muchas y grandes ventajas para quienes se comprometen en tal empresa.
La primera y tal vez de mayor peso es el actuar de acuerdo con un mandato social muy preciado y generalizado. La vida social esta organizada por y para quien tiene vida en pareja. Un individuo solo, siempre es visto con perspicacia, desconfianza y aún es rehuido. ¿Qué habrá hecho para permanecer solo? Algo malo hay en y con él (ella). Actuar de acuerdo con los cánones sociales puede significar un sentimiento de seguridad, pertenecía y aceptación, altamente apreciado por los seres humanos. De hecho corresponde a una de las necesidades vitales del hombre y conforma en gran medida su identidad personal. Sabemos que esta identidad ¿Quién soy yo? Responde a las preguntas y preocupaciones existenciales más más estrictamente humanas.
Paradójicamente es en este mismo sentido de pertenencia el que llevado a un punto más allá de lo deseable, llega a implicar niveles de alienación peligrosos. Dejar de ser yo mismos (o nunca aventúrame a tratar de averiguar quien y como puedo ser) para ser como los demás son y esperan y desean que yo sea. (Los otros a su vez, no se permiten, tal vez ser ellos mismos para esforzarse por ser como creen que el grupo, incluido yo, quiere que y espera que sean..) La línea divisoria entre lo que yo deseo y aquello que creo desear pero que en realidad responde a las expectativas colectivas es tan sutil que con frecuencia nos movemos entre uno y otro extremo, en una constante violación de límites.
Otra de las ventajas de la vida en pareja es vivir bajo la pretensión de que se cuenta con un cómplice frente a la vida.
En tanto esta seas una idea compartida por ambas partes, resulta de gran ayuda en la confrontación de los diversos problemas a que se ve uno expuesto en el diario vivir.
Considerando todo lo anterior concluimos que la vida en pareja bajo las condiciones actuales, enfrenta una serie de trampas y falacias que dificultan la persistencia de la misma. Algunos de los obstáculos se explican en función de una macroestrusctura; otros se deben más a las características propias de los individuos y a la relación dialéctica entre sociedad e individuo.
El hecho de que la mayoría de los seres humanos deseemos profunda y sinceramente creer en la posibilidad de una relación de pareja ideal, no implica qué esta sea posible. Lo ´´ ideal´´ pertenece al mundo de las ideas.
Lo anterior no significa que no valoraremos y reconozcamos las ventajas que la vida en pareja puede presentar, siempre que se cumplan determinadas condiciones. Reconocemos igualmente la necesidad eminentemente humana de gozar de compañía íntima, compartir gustos y disgustos, contar con un espacio físico y temporal para la vida personal y emocional. Lo que nos interesa señalar es que en la medida en que pretendamos construir lo anterior sobre bases de la fantasía y el autoengaño, en esa medida colocamos también las bases para el desencanto y la desilusión. No es el otro, la pareja, el (o la que nos ha fallado, defraudando. Más bien haríamos en cuestionarnos sobre nuestra idea de pareja, (¿Qué espero de ella? ¿Qué es una pareja?, pareja, ¿para qué? ¿soy consciente de mis limitaciones?, ¿por cuanto tiempo?, etc.) y tratar de vivir acordes con situaciones reales, antes que intentar hacer que el otro o nosotros mismos nos apeguemos a una idea que como se dijo por definición corresponde al mundo de las idealizaciones.
Aceptar el cambio de las circunstancias; aceptar el cambio de las estructuras y aceptar el cambio que el otro, aunque de momento pueda no agradarnos y significar peligro para la estabilidad del mundo con que tanto esfuerzo hemos construido gracias al cual hemos logrado lo que llamamos nuestro ´´equilibrio´´ (´´precario equilibrio emocional´´), pueda manifestar, pues de ser la manera que facilite nuestras vidas y nos coloque en posición y capacidad de creación, recreación y disfrute de las mismas.
Tal proceso de adaptación de cambio en los otros, creo, podrá darse solo si somos capaces también de reconocer y aceptar el cambio en nosotros mismos. Aceptarnos y aceptar a los otros. Aunque hayan dejado de ser como nosotros (creemos que) deseamos que sean, o creemos que alguna vez fueron.
La química del matrimonio feliz
¿Puede la estrecha convivencia mantener siempre fuerte y armoniosa la relación de una pareja o, por el contrario, deteriorarla y provocar la ruptura? Los últimos hallazgos en el campo de la química cerebral indican que ambas cosas son posibles. Si una pareja no logra superar los escollos de las distintas etapas del matrimonio, quizá acabe por separarse. A menudo la ruptura es predecible porque el cerebro dicta una serie de reacciones naturales durante cada fase de la relación. De la manera como se afronten esas etapas depende que el matrimonio dure o se termine.
La química cerebral de hombres y mujeres influye en el matrimonio, desde la etapa del enamoramiento hasta la de consolidación de la vida en pareja. Comprender las diferencias conductuales que existen entre el varón y la mujer puede ser la clave para que el amor perdure toda la vida.
Etapa 1. Enamoramiento
Cuando dos personas se enamoran, ocurren cambios en su cerebro. Aumenta mucho su secreción de feromonas (sustancias que actúan como señales sobre los sentidos), así que cuando se huelen o miran, es como si sus mentes se fusionaran. La alta concentración de la hormona oxitocina puede hacer que soslayen o no se percaten de sus respectivas conductas molestas, pero al final la pasión disminuye y la relación pasa a otra etapa.
Etapa 2. Desencanto
Al cabo de unos meses, la química cerebral y hormonal empieza a cambiar, y la parte "pensante" del cerebro --la corteza-- comienza a percibir los defectos de la pareja. Entonces sentimos mutuo enojo, irritación e incluso cierto temor. Si nos casamos durante la etapa 1, en la segunda etapa podemos empezar a poner reparos.
Mientras el marido se apoltrona frente a la televisión en vez de conversar con su esposa, ella quizá comience a preguntarse: ¿En qué estará pensando? Se siente rechazada, sobre todo porque él ha dejado de revelarle sus emociones y sentimientos.
Por su parte, él no entiende por qué su mujer ha empezado a criticarlo por "pequeñeces". Llevan unos años de casados y quizá ya tengan un hijo. ¿Qué más quiere ella? Aunque él sabe que está fallando en algo, no se le ocurre cómo remediarlo.
Se han disipado las sustancias cerebrales que prevalecían en la etapa del cortejo y el enamoramiento, y la pareja siente desilusión. En ese momento resulta fácil atribuir la falla a nuestro cónyuge y pensar: No es la misma persona con quien me casé.
Con todo, es normal pasar por este periodo de confusión, de merma de sustancias químicas en el cerebro de ambos. Es también un paso indispensable para que sus mentes tan disímiles "se fusionen" y empiecen a funcionar coordinadamente.
Etapa 3. Lucha de poder
La pareja que experimenta el desencanto suele enfrascarse luego en una lucha de poder. Ambos contrarrestan la merma química tratando de lograr que el otro vuelva a ser como era (o creían que era) en la etapa de enamoramiento. Mientras dura esta lucha, afrontan la dificultad adicional de ser neurológicamente "distintos", ya que su respectivo cerebro los hace pensar, comportarse e incluso amar de manera muy diferente.
Se trata de un periodo doloroso, y por estar enfrascada en la lucha de poder, la pareja no se percata de que sus diferencias cerebrales en realidad pueden ser la clave para que su matrimonio dure toda la vida.
Mientras se encuentra en esta etapa, el hombre quizá desee realizar más actividades independientes, y la mujer, tener más contacto con sus amistades. Aunque esta tendencia se origina en conductas y funciones de género aprendidas, las diferencias se acentúan por efecto de hormonas como la testosterona y los estrógenos.
¿Cómo repercute esto en el matrimonio? Una de las principales razones por las cuales las parejas se atacan despiadadamente durante la etapa de lucha de poder son las actitudes que hombres y mujeres tenemos respecto a la independencia conyugal. No resulta sorprendente que muchos matrimonios que acaban en divorcio duren entre siete y ocho años, en promedio: el mismo tiempo que cada persona invierte en tratar de que su pareja "cambie".
Sin embargo, la naturaleza no nos permite dar marcha atrás al reloj químico y neurológico, y el ciclo de vida sigue su curso. Una nueva etapa de la relación comienza cuando ambos cónyuges se descubren por fin como hombre y mujer y como amantes. Para ello es necesario que los dos cobren conciencia de ciertos elementos que habían permanecido ocultos bajo la superficie.
Etapa 4. Despertar
Lo que muchas parejas no consiguen entender es que, antes de asumir cierta independencia en su relación, hay un paso previo que les pasa inadvertido a ambos. Durante las tres primeras etapas del matrimonio, los esposos mantienen una convivencia muy estrecha, lo que anula sus respectivas individualidades. Un hombre puede considerar una pérdida de tiempo las emociones de su mujer, así como su necesidad de comunicación, sus deseos sexuales e incluso su actitud hacia las tareas domésticas. A su vez, ella puede percibir como egoístas o amenazadores los hábitos, pasatiempos, preocupaciones de trabajo y la necesidad de independencia de su marido.
Durante la cuarta etapa, la pareja "despierta": cobra conciencia de que la estrecha cercanía en que han vivido no es tan saludable y que ahora deben separarse en un sentido psicológico. Esta separación no implica divorciarse: significa comprensión recíproca. Durante el despertar, la parte pensante del cerebro prevalece y contrarresta las reacciones emocionales que podrían generar conflictos y una sensación de pesadumbre por la pérdida o disminución de la pasión.
Así, cuando la mujer hace algo que molesta al marido, éste quizá se contenga, guarde silencio y se limite a pasar por alto el asunto. A su vez, cuando él hace algo que a su esposa le resulta enfadoso, ella podría decir comprensivamente: "Ahora entiendo de qué se trata esto".
Al final, los hombres se dan cuenta de que las mujeres tienen razón: si no hay suficiente cercanía, lo más probable es que la relación se vaya a pique. Pero también los hombres están en lo correcto: si no se goza de suficiente independencia, es muy probable que ocurra lo mismo.
Cuando nos alejamos demasiado de nuestro cónyuge, se va extinguiendo el amor de que disfrutamos al principio, mas la relación tampoco sobrevivirá si hay tal cercanía que uno de los dos impida que el otro se sienta libre. La clave del éxito estriba en comprender las ventajas de la química cerebral masculina y femenina.
Etapa 5. Consolidación
El equilibrio entre las formas prototípicas de relación entre hombre y mujer constituye un estado de amor equilibrado al que yo llamo "independencia íntima". La lucha de poder se termina, y la pareja adopta las estrategias del amor maduro, que fomentan la independencia y la intimidad al mismo tiempo. Los esposos ahora conviven, crían a sus hijos y dan y reciben amor, pero no porque se hayan vuelto iguales, sino porque han aprendido a ser felizmente distintos.
Cómo fomentar la intimidad:
1. Establecen ritos de apego, como salir solos a cenar, llamarse por teléfono o enviarse mensajes electrónicos cuando alguno de los dos sale de viaje. Tales hábitos se convierten en los pilares que sostienen la relación, pero cada momento del matrimonio no tiene que ser íntimo siempre: ambos saben que esos ritos mantienen la fuerza del amor cuando la vida se vuelve complicada y estresante.
2. Se tratan con amabilidad y respeto en por lo menos 95% de sus interacciones. Aunque solemos creer que nadie merece un mejor trato que nuestra pareja, cuando nos enfrascamos en la lucha de poder pensamos más bien que debe ser nuestro blanco para desfogar el estrés. Los lóbulos frontales de nuestro cerebro cumplen su función con madurez cuando nos damos cuenta de que la amabilidad es fundamental para tener un matrimonio feliz.
3. Resuelven sus desavenencias en vez de dejar que la situación empeore. Es cierto que se enojan y discuten, pero se ofrecen disculpas por su mal genio y procuran solucionar los conflictos. En caso necesario, acuden a sus familiares y amigos o a especialistas en busca de ayuda.
Cómo defender la independencia
· Respetan sus excentricidades y diferencias, sobre todo las de género. Si el marido acapara el control remoto cuando ven televisión, la mujer, en vez de enojarse, lo tolera de buen grado. Y cuando ella quiere hablar sobre sus sentimientos, él sabe lo importante que es esto para su esposa y se da tiempo para escucharla.
· Mantienen su círculo personal de amigos (por lo común mujeres en el caso de ella y hombres en el de él) y se alientan para conservar esas amistades. Con el tiempo llegan a descubrir que, aunque su cónyuge es su mejor amigo, aún satisfacen muchas de sus necesidades emocionales a través de otras personas.
· Se conceden distintos dominios conyugales. Si para uno es muy importante una actividad especial, pasatiempo, deporte o cierta forma de socializar, el otro lo respeta y alienta. Así, cada uno tiene espacios, tiempos y actividades propios que le brindan libertad e independencia.
Es fundamental tener conciencia de que los sentimientos que existen entre los dos tal vez cambien con el paso de los años y que ese cambio es normal. La química cerebral determina en parte que esto ocurra, así que resulta inútil tratar de evitarlo. Es mejor dejar que la biología lo guíe a uno hacia la comprensión y hacia un amor natural y perdurable. A fin de cuentas todos los seres humanos somos criaturas de la naturaleza, y ella sin duda es muy sabia.
EJEMPLOS:
La familia en la actualidad en el mundo occidental esta forma por el esposo, la esposa, y los hijos, pero en otras culturas como la musulmana se puede ver que es aceptada la poligamia, que un hombre tenga varias mujeres, con respecto a esto pienso que en nuestra cultura ´´monógama´´, las personas nos vemos ´´forzadas´´ a mantener una relación durante todo la vida por las normas que implica la unión, pienso que forzados por que me veo un muy alto número de infidelidades entre las parejas, tanto de hombres como de mujeres, eso tal ves nos pueda estar indicando que se requiere un cambio en los contratos, tal ves que éstos sean por un determinado tiempo, y no como lo vemos en las normas eclesiásticas,´´ hasta que la muerte los separe´´ y ´´lo que dios unió jamás lo separe el hombre´´ .
Por otro lado en América latina se puede ver la presencia de distintas culturas precolombinas, lo que hace que sus lenguas y costumbres sean parte importante en la concepción que se tiene en cada lugar de lo que es una pareja.
Se habla de una institución imposible, y si me parece compleja la relación de dos seres humanos bajo ciertas reglas expectativas y sobre todo el tratar de conjugar la historia de cada uno durante toda una vida.
Lo que muchas veces se espera es que el otro me haga feliz , se le otorga esa responsabilidad, y algo muy importante que se olvida, es la individualidad y desarrollo personal, el cual a pesar de estar en pareja cada persona debe ocuparse de su propio desarrollo, para lograr ser mejor persona con los demás o su familia.
Yo pienso que los hijos en un momento serán un reflejo del nivel de desarrollo y madurez que tengan sus padres, y digo en un momento por que a lo largo de la vida cada hijo puede tener distintas experiencias y oportunidades y así formar su propia historia, logrando superar algunas vicisitudes, algunos no logran esto pero todo depende de las circunstancias. Ciertamente la vida en pareja y formar una familia también trae satisfacciones, el hecho de tener un compañero al cual uno quiere y ver crecer y desarrollarse a los hijos pienso debe ser una experiencia satisfactoria, sin embargo, ni el estar casado ni el estar soltero garantiza que se va ha ser feliz.
Todo lo anterior dependerá obviamente de muchos factores, pues pienso que compartir tu vida con alguien no es nada sencillo, mas bien es un proceso que tiene distintas etapas, algunas de mucho placer y otras en las que simplemente se acaba la magia que se sentía por el otro, por ello, pienso que es muy importante que las personas no olviden que son individuos que aunque viven en pareja deben procurar su desarrollo personal, y estar conscientes de que el generarse expectativas o grandes ideales con respecto al otro podría ser la causa de muchas frustraciones.
LOS PADRES COMO FIGURAS DE APEGO
La especie humana tiene una larga historia. Ello nos ha hecho evolucionar de una determinada manera, configurando aspectos de nuestras necesidades básicas como seres humanos. El niño nace programado para sobrevivir en determinadas condiciones pero también bajo la necesidad de que sus necesidades básicas sean cubiertas. Estas pueden resumirse en:
d) Necesidades fisiológicas (alimentación, higiene, sueño, etc...).
di) Necesidad de protección ante posibles peligros (reales o imaginarios).
dii) Necesidad de explorar su entorno.
diii) Necesidad de jugar.
div) Necesidad de establecer vínculos afectivos.
Los vínculos afectivos son una necesidad que forma parte del proyecto de desarrollo de un niño recién nacido. Si esta necesidad no es satisfecha, el niño, adolescente, joven o adulto sufrirá de "aislamiento o carencia emocional".
El Apego es una relación especial que el niño establece con un número reducido de personas. Es un lazo afectivo que se forma entre él mismo y cada una de estas personas, un lazo que le impulsa a buscar la proximidad y el contacto con ellas a lo largo del tiempo. Es, sin duda, un mecanismo innato por el que el niño busca seguridad. Las conductas de apego se hacen más relevantes en aquellas situaciones que el niño percibe como más amenazantes (enfermedades, caídas, separaciones, peleas con otros niños....). El llorar es uno de los principales mecanismos por el que se produce la llamada o reclamo de la figura de apego. Más adelante, cuando el niño adquiere nuevas capacidades verbales y motoras, no necesita recurrir con tanta frecuencia al lloro. Una adecuada relación con las figuras de apego conlleva sentimientos de seguridad asociados a su proximidad o contacto y su pérdida, real o imaginaria genera angustia.
Los vínculos de apego no sólo van establecerse con los padres o familiares directos sino que pueden producirse con otras personas próximas al niño (educadores, maestros, etc...).
Figura principal de apego: la madre
Si bien tradicionalmente la figura con la que se establece el vínculo de apego más fuerte ha sido con la madre, hoy en día asistimos a una acentuación de la implicación del padre en los cuidados de la primera infancia. Motivos de horarios laborales, número de hijos, recursos económicos, etc. Hacen frecuente la necesidad de una corresponsabilidad por parte ambos progenitores en las labores de atención al bebé. Aún aceptando esta realidad, no hay que perder de vista que desde un punto de vista biológico y evolutivo, es la madre la que está en disposición de efectuar una relación especialmente fuerte con el hijo. La importancia del buen establecimiento del vínculo de apego, ya en las primeras etapas, va tener unas consecuencias concretas en el desarrollo evolutivo del niño. Podemos afirmar con rotundidad que dedicar tiempo al bebé, en una interacción de cuidado y atención, por parte de las figuras de apego, es la mejor inversión para garantizar la estabilidad emocional del niño en su desarrollo.
El vinculo de apego no debe entenderse como una relación demasiado proteccionista por parte de la madre hacia el bebé, sino como la construcción de una relación afectiva en la que la atención y los cuidados de la madre en las primeras etapas (el niño se siente atendido en sus necesidades), va a propiciar la paulatina adquisición, desde una plataforma emocional adecuada, de los diferentes aprendizajes y, por tanto, de los primeras conductas autónomas.
Si bien el niño quizás tardará unos meses en desarrollar el apego hacia la figura principal, el vínculo emocional de la madre hacia el bebé se desarrolla rápidamente teniendo lugar en los momentos posteriores al parto.
El apego puede formarse con una o varias personas, pero siempre con un grupo reducido. La existencia de varias figuras de apego es, en general, la mejor profilaxis de un adecuado desarrollo afectivo dado que el ambiente de adaptación del niño es el clan familiar y no la relación dual madre-hijo
Curso del apego
Fase 1 (desde el nacimiento a los 2 meses)
En inicio, los bebés no centran su atención exclusivamente en sus madres y suelen responder positivamente delante cualquier persona. Sin embargo, los neonatos, ya vienen al mundo con un cierto número de respuestas innatas diseñadas para atraer a la madre cerca (llanto) y mantenerla próxima (mostrándose sonriente o tranquilo). Y aunque, en esta etapa, no esté todavía maduro el vínculo de apego con la madre o cuidador, sí se ha comprobado que los recién nacidos prefieren mirar a sus madres que a un desconocido.
Fase 2 (desde los 2 a los 7 meses)
Durante esta segunda etapa los bebés van consolidando los vínculos afectivos con la madre, padre o cuidador y dirigen hacia ellos sus respuestas sociales. Aunque todavía aceptan extraños, les otorgan menor atención.
A lo largo de este período el bebé y su cuidador desarrollan pautas de interacción que les permiten comunicarse y establecer una relación especial entre ellos.
Fase 3 (desde los 7 a los 24 meses)
El Apego se hace más evidente siendo muy fuerte alrededor de los 2 años. Ahora las conductas de apego van a configurarse alrededor del desarrollo evolutivo en 2 áreas concretas: la emocional y la del desarrollo físico. Con el mayor nivel de capacidades cognitivas asumidas en esta etapa, los bebés empiezan a distinguir lo extraño de lo habitual y ahora suelen reaccionar negativamente ante situaciones o personas desconocidas. Apartarse de la figura de apego supone producir protestas por la separación que implican llantos y la búsqueda de la madre. Por su parte el desarrollo físico (el niño empieza primero a gatear para luego pasar a la posición erguida y a dar sus primeros pasos), supone adquirir un control respecto al lugar donde se encuentra. Ahora, si desea no separarse de su madre, podrá dirigirse hacia ella en lugar de reclamar su presencia mediante el llanto. El niño gana independencia gracias a sus nuevas capacidades de locomoción, verbales e intelectuales. Este proceso es siempre conflictivo porque exige readaptaciones continuas con ganancias y pérdidas de ciertos privilegios. Por ello suele ir acompañado de deseos ambivalentes de avanzar y retroceder.
Determinantes del apego
Se cree que las madres que son más sensibles ante las necesidades de los bebés y que ajustan su conducta a los de estos, tienen mayores probabilidades de establecer una relación de apego segura. Estas madres reaccionan rápidamente a las señales que emiten sus hijos como el reclamo de comida, identificando cuando están satisfechos y respetando sus ritmos de vigilia-sueño. Ante el reclamo mediante el llanto son más eficaces en acunar o confortar en sus brazos al bebé. Son madres cariñosas, alegres y tiernas siendo así percibido por el niño. Evidentemente no sólo cómo se comporta la madre resulta vital para el vínculo. La forma en que reacciona el niño, su temperamento, es también importante en el tipo de relación que se va a establecer. No hay dos bebés iguales. En el caso de que estos sean de temperamento difícil o irritable puede favorecer en la madre o cuidador una respuesta menos adecuada y, por tanto, aumentar las probabilidades de un apego menos seguro.
Con frecuencia se ha planteado desde la psicología por qué algunas madres responden de forma más sensible a sus bebés. Una respuesta bastante válida hace referencia a los recuerdos de las madres de sus propias experiencias infantiles. Una investigación efectuada al respecto (Main y Goldwyn, 1.998) clasificaba a las madres en 3 grandes grupos. El grupo primero lo formaban las madres denominadas autónomas. Estas madres se caracterizaban por presentar una imagen objetiva y equilibrada de su infancia, siendo conscientes de las experiencias positivas y de las negativas. El segundo grupo se denominó madres preocupadas. Se caracterizaban por su tendencia a explicar de forma extensa sus primeras experiencias vitales con un tono muy emocional y, en ocasiones, confuso. Finalmente el grupo tercero lo formaban madres a las que se llamó indecisas. Estas últimas constituían un grupo que había experimentado algún trauma con la relación de apego y que aún no han resuelto. Es el caso de los niños maltratados o que han perdido alguno de los padres.
La hipótesis que subyace en este estudio es que los recuerdos y sentimientos de las madres sobre su propia seguridad de apego se expresará en sus atenciones hacia su hijo y así influirá en su relación. Diversos estudios han verificado que estas clasificaciones son bastante predictoras de las pautas de apego que formarán con sus hijos.
EJEMPLOS
Nos encontramos de acuerdo al hablar acerca de que la familia tiene su supervivencia asegurada, ya que por un lado como se ha mencionado antes, la idea de que se requiere casarse para considerar que se ha formado una familia , no es factor que pueda determinar si existe o no, una familia, por otro lado el factor de supervivencia es una característica de la naturaleza de distintas especies animales, lo que las lleva a hacer agrupaciones familiares para lograr la supervivencia de la cría, como en el caso de los primates no humanos en comparación con los humanos se encuentra la conducta de apego, lo que implica un vínculo afectivo de la cría principalmente con la madre, que le proporciona protección , y los cuidados físicos necesarios que requiere para sobrevivir, es por ello que este vínculo al estar relacionado con la sobrevivencia de la especie asegura de alguna forma el agrupamiento familiar, pensar en el cambio o desintegración de ésta agrupación familiar me trae ideas como el hecho de una mutación de la especie humana que le permita sobrevivir desde su nacimiento sin el cuidado de un ser adulto.
LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
La familia sigue siendo, a pesar de los ataques y dudas que se ciernen sobre ella, el nudo esencial de la constitución de la personalidad de los niños. Prácticamente todas las definiciones, más allá desde donde se posicionen para estudiar a la familia, hacen referencia a los factores comunes: habitación común, descendencia común, mismo techo, mismo apellido, mismos padres, mismo grupo, misma historia.
La familia es claramente el primer contexto de aprendizaje para las personas, en este sentido, es importante aclarar que en su seno aprenden no sólo los niños sino también los adultos. En la familia se ofrece cuidado y protección a los niños, asegurando su subsistencia en condiciones dignas. También ella contribuye a la socialización de los hijos en relación a los valores socialmente aceptados.
Las familias acompañan la evolución de los niños, en el proceso de escolarización, que es la vía excelente para ir penetrando en otros ámbitos sociales diferentes a la familia. Esta, a través de estas funciones apunta a educar a los niños para que puedan ser autónomos, emocionalmente equilibrados, capaces de establecer vínculos afectivos satisfactorios.
Desde una perspectiva evolutivo-educativa, podemos decir que la familia supone:
. un proyecto vital de existencia en común con un proyecto educativo compartido, donde hay un fuerte compromiso emocional,
. un contexto de desarrollo tanto para los hijos como para los padres y abuelos,
. un escenario de encuentro intergeneracional,
. una red de apoyo para las transiciones y las crisis.
Desde esta perspectiva, la familia aparece como el mejor contexto para acompañar a la persona para transitar los cambios que implica necesariamente la vida.
En cuanto al proyecto educativo familiar es en general de orden implícito, se trata de un contrato familiar donde se "inscribe" la forma en que se organizan las familias, como se dividen las tareas, qué expectativas se tienen de los miembros de la familia. Los valores, actitudes y expectativas que de esta forma se transmiten constituyen lo que algunos autores (Cremin, 1976; Bloom, 1981) han llamado "currículum del hogar". Este currículum del hogar no está escrito -a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos, contenidos, "metodologías" que determinan la seña de identidad de cada familia, y contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros. Las familias se diferencian entonces no sólo por los contenidos sino también en los estilos con que transmiten estos contenidos (Martínez, 1996).
El tema de los estilos educativos adquiere entonces importancia fundamental a la hora de educar en valores.
En ese sentido se distinguen varios estilos educativos (Baumrind, 1971 y Maccoby y Martín, 1983 en Coloma, 1993), que vienen determinados por la presencia o ausencia de dos variables fundamentales a la hora de estudiar la relación padres-hijos: el monto de afecto o disponibilidad paterna a la respuesta y el control o exigencia paterna que se pone en la relación padres-hijos. De la atención de estas dos variables surgen cuatro tipos de padres:
• Autoritativo recíproco, en los cuales estas dos dimensiones están equilibradas: se ejerce un control consistente y razonado a la vez que se parte de la aceptación de los derechos y deberes de los hijos, y se pide de estos la aceptación de los derechos y deberes de los padres.
• Autoritario-represivo, en este caso si bien el control existente es tan fuerte como en el caso anterior, al no estar acompañado de reciprocidad, se vuelve rígido, no dejando espacio para el ejercicio de la libertad de parte del hijo.
• Permisivo-indulgente, en este caso no existe control de parte de los padres, que no son directivos, no establecen normas. De todos modos, estos padres están muy implicados afectivamente con sus hijos, están atentos a las necesidades de sus hijos.
• Permisivo-negligente, en este caso, la permisividad no está acompañada de implicación afectiva, y se parece mucho al abandono.
EJEMPLOS
En cuanto a la educación que los hijos reciben se habla del ´´modelado´´ en cual los padres como actores reflejan sus hábitos y costumbres que los hijos pueden ir aprendiendo por formar parte de su entorno, como el hecho de que el papá pase horas viendo la televisión y tomando cerveza o que la madre se la pase la mayor parte del tiempo haciendo labores de la casa.
En cuanto a las actividades que realizan los hijos, podemos ver que son elegidas, mediadas o supervisadas por los padres, por ejemplo ´´si el niño no termina la tarea no puede salir a jugar´´, y lo que sucede es que muchas veces el niño al no recibir ayuda o supervisión en la realización de su tarea, no la termina, y pasa horas sentado sin ´´hacer nada´´ y no sale a jugar, lo que impide que el niño tenga un espacio de distracción o recreación en sus horarios.
En el desarrollo de habilidades como la lectura se puede ver que algunas veces los padres exigen a sus hijos que se sienten a leer por que así se los han pedido en la escuela, tarea que le resulta tediosa al niño, por un lado porque no la encuentra como una actividad interesante, asunto que me parece obvio cuando los niños nunca ven a sus padres leer o interesados en ésta actividad, y por otro por que los padres tampoco se toman el tiempo para leer junto con sus hijos.
Por otro lado los espacios en la casa también son importantes, pienso que el hecho de tener un librero, precisamente para colocar los libros de la escuela y no ropa o juguetes, por ejemplo, es significativamente importante, para darle la importancia e interés a las actividades relacionas con las lecturas y otras tareas.
El hecho de que los padres busquen y permitan que sus hijos realicen diferentes actividades para su mejor desarrollo a parte de las escolares como música, natación, baile, etc., no sucede de forma común en nuestra cultura, en la que los padres no sugieren a sus hijos actividades pensadas en su desarrollo, sino más bien en lo que les convienen a los padres, por ejemplo si los padres son muy religiosos sugieren que sus hijos formen parte del grupo de niños de la iglesia, cuando lo que en realidad el niño quiere es formar parte de un equipo de fútbol.


